Cuando hablamos de una caída global en los mercados de valores hacemos referencia a una reducción abrupta y sustancial del valor de acciones y activos financieros en distintas bolsas alrededor del planeta. Este fenómeno suele ocurrir como respuesta a eventos inesperados, crisis financieras, explosiones de burbujas especulativas o una combinación de estas situaciones.
Históricamente, caídas globales como las vividas durante la Gran Depresión de 1929, el Lunes Negro de 1987, la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis financiera global del 2008 tienen en común ciertos factores que causan pánico entre los inversores e impulsan ventas masivas de activos financieros provocando enormes pérdidas de riqueza. Aunque el detonante particular cambia, generalmente resultan del exceso especulativo, la incertidumbre económica, o problemas estructurales en múltiples regiones del mundo.
México no es ajeno a las crisis financieras globales. Algunos ejemplos relevantes:
A pesar de que la crisis del ‘94 se originó en problemas internos mexicanos, como una política de tipo de cambio fallida y la inestabilidad política, sus efectos repercutieron a nivel internacional. La caída en el PIB fue considerable (-6.2%) provocándose una grave recesión, alto desempleo, pobreza y una devaluación drástica del peso mexicano.
La crisis financiera global impactó principalmente debido a la exposición al mercado estadounidense. México experimentó un duro golpe ante la dependencia económica con EEUU, con una caída del 6.6% del PIB nacional, reducción significativa en exportaciones, caída fuerte en remesas (-16%), depreciación del 25% del peso y pérdida masiva de empleos manufactureros.
La pandemia trajo caídas drásticas en turismo, exportaciones y desempleo inicialmente, aunque hubo recuperaciones apoyadas por estímulos económicos en EEUU que beneficiaron indirectamente a México, haciendo que la recuperación fuese más rápida de lo esperado, gracias a la resistencia en las remesas y recuperación del comercio internacional posteriormente.
Estas crisis han preparado al país para responder con más eficacia ante futuras recesiones, aunque persisten vulnerabilidades importantes.
México mantiene ciertas vulnerabilidades que podrían amplificar los daños frente a una nueva crisis:
Alta Dependencia de Estados Unidos: Actualmente, más del 80% de las exportaciones mexicanas proceden del mercado estadounidense. Por lo tanto, cualquier crisis en Estados Unidos afecta significativamente a México.
Limitado margen fiscal: Tras la pandemia, el gobierno mexicano tiene menos recursos para estímulos fiscales extensos, haciendo complejo responder rápida y masivamente.
Problemas internos estructurales: Problemas en el clima de inversión, incertidumbres en reformas regulatorias, inseguridad y desafíos en Pemex aumentan riesgos ante eventos financieros negativos externos.
Alta sensibilidad del tipo de cambio: México ha mostrado fuertes fluctuaciones del tipo de cambio ante perturbaciones internacionales, lo cual aumenta la susceptibilidad a caídas bursátiles globales.