Este artículo examina detalladamente cómo las decisiones comerciales de Estados Unidos, más allá de los aranceles, han afectado a la economía mexicana y qué perspectivas futuras existen en una relación bilateral caracterizada por la interdependencia, pero también por la incertidumbre.
La política comercial de Estados Unidos hacia México incluye aranceles como parte visible, pero también abarca medidas menos conocidas, aunque igualmente influyentes. Entre estas se encuentran barreras no arancelarias, reglas de origen, reglamentación sanitaria y fitosanitaria, y requisitos regulatorios adicionales que pueden complicar o suavizar el intercambio comercial.
Desde 2024, la administración Trump reactivó propuestas y medidas arancelarias como herramienta para ejercer presión en temas migratorios y combate al narcotráfico. Aunque inicialmente se planteó un posible arancel universal del 25%, rápidamente se dieron excepciones bajo el T-MEC, reconociendo así la compleja integración bilateral existente.
Este uso político de herramientas económicas incrementó considerablemente la incertidumbre en sectores mexicanos que dependen de la exportación hacia Estados Unidos. Empresarios en agricultura, manufactura y automotriz enfrentaron dilemas asociados a la planeación, inversiones y decisiones estratégicas de largo plazo.
Existen también barreras menos visibles denominadas medidas no arancelarias, que incluyen normas técnicas específicas, requisitos regulatorios estrictos y otras acciones administrativas como inspecciones fronterizas más intensivas. Estas "restricciones ocultas" pueden representar obstáculos equivalentes o incluso mayores que los blandos impuestos arancelarios.
Cada sector de la economía mexicana enfrenta distintos niveles de exposición frente a las decisiones comerciales estadounidenses.
México es uno de los principales abastecedores agrícolas de Estados Unidos, siendo líder en aguacates, tomates, bayas y productos hortofrutícolas. Un arancel alto tendría un fuerte impacto, disminuyendo la competitividad y afectando significativamente los ingresos de los productores mexicanos. Sin embargo, la demanda relativamente inelástica de ciertos productos agrícolas en Estados Unidos podría atenuar algunos efectos.
En todo caso, la incertidumbre ya está generando efectos negativos, frenando inversiones, ampliaciones productivas y decisión de cultivo de productos estratégicos hacia el mercado estadounidense.
Las exportaciones manufacturadas, especialmente automotrices y electrónicas, son vitales para la economía mexicana. Tan solo en 2024, México exportó cerca de 466 mil millones de dólares en manufacturas hacia Estados Unidos, siendo particularmente importante el sector automotriz.
Aunque el T-MEC protege parcialmente este sector, los aranceles potenciales generaron disrupciones significativas en las cadenas productivas binacionales. Esto llevó a buscar modificaciones en las estrategias internas, ajustes en procesos e incluso potenciales reubicaciones de algunas etapas productivas.
El sector automotriz ha demostrado ser uno de los más sólidos y al mismo tiempo vulnerables. La batería de medidas regulatorias del T-MEC respecto a reglas de origen ya representa un desafío considerable. Agregar la amenaza arancelaria generó preocupaciones adicionales.
México exporta casi tres millones de vehículos anuales hacia Estados Unidos, por lo que cualquier alteración en tarifas o procesos regulatorios impacta directamente en toda una extensa cadena de valor en México.