Para 2025, Sheinbaum prevé una inversión pública directa cercana a los 996 mil millones de pesos, destacando asignaciones al sector energético, infraestructura ferroviaria, hídrica, caminos y carreteras, salud y seguridad. Además, el plan contempla la atracción de inversiones privadas por cifras que, sumadas a la inversión pública, superan los 277 mil millones de dólares.
Esta apuesta implica un reto importante, requiriendo un cuidadoso manejo fiscal y financiero para no poner en riesgo dado un escenario de gasto social creciente.
Con esta enorme inyección de recursos, se espera un crecimiento económico significativo, potenciando incrementos adicionales del PIB en los años posteriores a las inversiones.
Además, se anticipa una elevada generación de empleo directo e indirecto, proyecciones iniciales señalan la creación de entre 500 mil a 1 millón de empleos directos tan solo durante la fase intensiva del programa de infraestructura pública en 2025.
El efecto estabilizador sobre la inflación generado por una mayor producción interna, combinada con menores costos energéticos y logísticos internos, también se proyecta como resultado clave de este programa.
El Plan México no solo busca resultados inmediatos, su apuesta es consolidar el desarrollo sostenible que promueva una transformación estructural profunda:
- Mejora tecnológica: Fomentando espacios para innovación industrial y tecnológica, incluyendo energías limpias e inteligencia artificial.
- Educación y empleo: Priorizando la formación técnica y profesional que responda demandas futuras del mercado laboral.
- Sostenibilidad medioambiental: Vinculando cada inversión con criterios ambientales que impulsen la transición ecológica nacional.
- Exportación industrial de valor añadido: diversificando la capacidad exportadora industrial con productos tecnológicos avanzados.
A pesar de su solidez conceptual, el plan enfrenta importantes retos:
- Captar la inversión total proyectada ante la incertidumbre económica global.
- Administración fiscal responsable que evite generar un déficit público excesivo.
- Incertidumbre jurídica y burocrática en México, que desaliente a inversionistas privados nacionales e internacionales.
- Riesgo político y comercial frente a decisiones económicas externas, particularmente en relación a Estados Unidos.
- Problemas históricos internos como la corrupción en la gestión de recursos públicos.
El plan ha recibido apoyo y críticas desde múltiples perspectivas. Analistas optimistas aseguran que es el impulso necesario dado el contexto actual internacional, mientras que otros expertos advierten sobre su viabilidad y el riesgo fiscal que implicaría una expansión excesiva del gasto público.
La ambiciosa estrategia de Sheinbaum recuerda la época histórica de la sustitución de importaciones, aunque con un renovado énfasis en sectores intensivos en tecnología, innovación y sustentabilidad. El enfoque que mezcla intervencionismo estatal con dinamización del sector privado recuerda experiencias exitosas internacionales, alineando crecimiento económico con desarrollo social y ambiental.
El nuevo plan económico que Claudia Sheinbaum propone es una estrategia visionaria, sólida y ambiciosa para proyectar a México como potencia económica global y asegurar el bienestar social y el desarrollo sustentable interno en el largo plazo.
Si bien el desempeño final dependerá ampliamente de una efectiva gestión pública, cooperación del sector privado y estabilidad internacional, su solo planteamiento representa una directriz importante para conducir el futuro económico y social del país hacia un mañana mejor, más fuerte y más justo para todas y todos los mexicanos.