México depende en gran medida de su relación económica con Estados Unidos. Sectores manufactureros industriales como el automotriz enfrentan serios retos ante cambios potenciales en la política comercial internacional (como posibles aranceles), resultantes de los contextos políticos inciertos en ambos países.
Los sectores de la construcción y financiero también enfrentan desafíos significativos, con menor optimismo registrado a principios de 2025 según los indicadores del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Las inversiones prolongadas podrían inhibirse mientras persista la incertidumbre, especialmente sobre el marco regulatorio y la estabilidad macroeconómica.
Propuestas regulatorias críticas, como la prohibición del maíz transgénico, representan fuertes riesgos para la agricultura nacional, aumentando costos y complicando la planificación a largo plazo.
A pesar de que 2024 marcó un récord histórico de Inversión Extranjera Directa (IED), la incertidumbre política amenaza las perspectivas de continuidad. Empresas de regiones industriales clave, como Monterrey y Ciudad Juárez, ya se encuentran reestructurando operaciones, ajustando precios o incluso reubicándose ante la incertidumbre.
Estudios académicos han mostrado consistentemente que la incertidumbre política reduce la inversión y contratación laboral, algo confirmado recientemente por líderes empresariales y consultorías financieras.
Por ejemplo, empresas de Monterrey, como Prommont y MRM, ya están en proceso de reestructuración para mitigar riesgos ante posibles cambios arancelarios derivados de presiones políticas internacionales.
Los indicadores recientes muestran cómo la incertidumbre política ha comenzado a superar otros factores como la inflación, generando fuertes dudas y escasa confianza entre CEOs y líderes empresariales nacionales. Se registra una disminución considerable en el índice general de confianza empresarial en 2025, lo que tendrá repercusiones inevitables en decisiones de largo plazo.
Expertos internacionales y locales, desde analistas de Bank of America como Carlos Capistrán, hasta líderes empresariales como la presidenta de Coparmex en Querétaro Beatriz Hernández, coinciden en señalar que México está en una encrucijada económica. Por un lado, el país tiene la oportunidad de aprovechar contextos umbrales como la tendencia del nearshoring. Por otro, las decisiones internas podrían limitar substancialmente estas oportunidades si el contexto político permanece adverso.
Ante los desafíos mencionados, las empresas ya están desplegando un arsenal proactivo que incluye:
- Diversificación de cadenas de suministro hacia países menos frágiles políticamente.
- Intensificación en inversión tecnológica para reducir costos y generar flexibilidad operativa.
- Estricto control financiero sobre flujos de efectivo y liquidez empresarial.
- Fomentar alianzas estratégicas con otros actores del sector privado y público para influir positivamente hacia políticas claras y estables.
Estas iniciativas apuntan hacia la importancia de la resiliencia empresarial y agilidad estratégica como herramientas clave frente a la incertidumbre.
La incertidumbre política derivada de las reformas recientes y las transiciones inherentes al contexto electoral actual representa un desafío considerable para los negocios en México. No obstante, las empresas que adopten una postura flexible, proactiva y estratégica frente a este entorno podrían, paradójicamente, estar frente a oportunidades significativas si logran mitigar los riesgos reales presentes.
El futuro económico de México dependerá fundamentalmente de la cooperación continua entre empresas privadas e instituciones públicas, así como de la habilidad empresarial para adaptarse a un entorno político cambiante y desafiante. Las claves seguirán siendo la resiliencia, la innovación, y la búsqueda de escenarios predecibles que fortalezcan la confianza y atraigan inversiones sostenibles y benéficas para todos los sectores involucrados.