La guerra en Ucrania, las sanciones económicas contra Rusia y las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China han llevado a las empresas estadounidenses a reconsiderar su estrategia de producción y a buscar alternativas. En este contexto, México se ha convertido en un destino atractivo para la inversión y la producción debido a su proximidad geográfica con Estados Unidos, su mano de obra calificada y su infraestructura.
Este proceso de reubicación de la producción de Estados Unidos en México se conoce como "nearshoring", y se ha visto incentivado por la incertidumbre política y comercial en otros países. Además, la implementación del T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) ha mejorado el clima de negocios en México y ha hecho que el país sea aún más atractivo para la inversión extranjera.
Este movimiento hacia el nearshoring tiene importantes implicaciones para la economía mexicana. La llegada de empresas estadounidenses a México puede generar empleos, aumentar la inversión y mejorar la tecnología y la productividad. Además, esto podría ayudar a reducir la dependencia de México de las exportaciones petroleras y fortalecer su posición como un centro de producción y exportación.