El outsourcing se refiere a la tercerización de servicios necesarios para las actividades de una empresa. Esta práctica no se limita únicamente a la subcontratación laboral, sino también a la contratación de terceros para cubrir actividades específicas y especializadas.
En el ámbito laboral, el outsourcing implica que una empresa satisface sus necesidades de talento a través de otra compañía, lo que significa que sus "trabajadores" no son empleados directos ni forman parte estricta de la organización.
De acuerdo con datos del Censo Económico del Inegi 2019, la subcontratación ha aumentado en un 37% durante los últimos cinco años, lo que significa que al menos 4,1 millones de colaboradores de empresas han sido contratados a través del outsourcing, lo que representa el 13% del personal ocupado en el país.
El outsourcing se ha convertido en una práctica común entre las empresas mexicanas debido a que, al contratar a otra empresa especializada en la gestión del capital humano, las organizaciones pueden:
- Ahorrar en costos de creación de divisiones de Recursos Humanos, reclutamiento, nómina, etc.
- Reducir sus necesidades de infraestructura.
- Mitigar riesgos.
- Centrarse en su actividad principal.
- Aunque el outsourcing ofrece ventajas a las empresas, también existen diversas voces que señalan que esta modalidad ha propiciado fraudes fiscales y daños a los derechos de los trabajadores.
Esto se debe a que, a través de estos esquemas, muchos patrones reducen la carga al cubrir ciertas prestaciones laborales. A pesar de que con este modelo los trabajadores garantizan su acceso a un contrato, registro ante el IMSS, Afore, Infonavit, así como aguinaldo y primas vacacionales, existen otras obligaciones como el reparto de utilidades que no son obligatorias para las empresas.